El mandato de la exigencia

Existen dos verbos que tienen usos distintos pero que los usamos juntos en su consecuencia: El SER y el HACER.


Cuando un aficionado de un equipo grita a un árbitro ‘¡Qué malo eres!’, no deja posibilidad de mejora. La persona es así y no se puede hacer nada. Este mismo aficionado podría haber dicho: ‘¡Te has equivocado pitando penalti!’ Es importante ver la diferencia: El primer grito se dirige al ‘SER’ de las personas. El segundo al ‘HACER’. Son dos conceptos dispares.


Cuando el lenguaje ataca al ser, cuando nos decimos ‘soy malo dirigiendo equipos’, estamos derrotados desde el principio. No hay posibilidad de cambiar. Si nos decimos ‘a veces me equivoco dirigiendo equipos’, entonces existe una esperanza ya que, puede darse el caso de que una persona sea buena dirigiendo equipos pero en ocasiones no lo haga de la mejor manera posible.


Cuando nuestros actos nacen del SER, aparece el concepto de EXCELENCIA. Nace de nuestro interior por un deseo sincero de realizar nuestra acción lo mejor posible. Vivimos el error como una oportunidad y nuestro compromiso de mejora es sincero. Generamos un clima positivo a nuestro alrededor.


Cuando nuestros actos nacen del HACER, aparece el concepto de EXIGENCIA. Nace en nuestro exterior. Siempre hay un padre, un jefe, una apreciación personal, algo externo a nosotros que velará para que nuestros actos sean perfectos. Anabel, La protagonista del cuento LA MUÑECA TRED, buscaba sin descanso la muñeca perfecta. La tensión que le suponía tirar una gran cantidad de ellas por no cumplir esa perfección ideal a la cual nunca llegaba, le impedía trabajar desde la excelencia, desde su interior.


Recuerdo casos de estudiantes de inglés que, sabiendo mucha gramática, trabajaban desde la exigencia. No se atrevían a dar el primer paso, esto es, hablar en público con los fallos que fueran necesarios. Nunca sabían lo bastante y seguían estudiando, postergando el día en que se lanzarían a hablar. Ese miedo a no ser perfecto, a recibir críticas, a que se rían de su pronunciación. Ese bloqueo y no hacer nada ya que, desde la exigencia, el error no es una oportunidad de aprendizaje si no más bien un fracaso. Y si no me arriesgo, no me equivoco.

¿Y tú cómo prefieres trabajar? ¿Desde la excelencia o desde la exigencia? ¿Aceptas el riesgo?

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