Vivir con la incertidumbre

No hay duda de que vivir implica gestionar la incertidumbre, esa falta de control y de respuestas de lo que va a ocurrir en un futuro. En ocasiones, esta certeza, este dominio hacia lo que va a pasar disminuye, por el motivo que sea, y tememos perder el control de nuestras vidas. La ansiedad encuentra un campo para desarrollarse.

Si pensamos que no es posible vivir bajo una seguridad completa acerca del futuro, también podemos pensar que existen algunas acciones que podemos realizar para gestionar la incertidumbre.

  1. Cuando estemos preocupados por algo, es importante detectar si se trata de una preocupación productiva (que permite acciones por mi parte) o improductiva (en la que no puedo hacer nada). Si estoy preocupado por la poca gasolina que tiene mi coche, se trata de una preocupación productiva ya que puedo ir a una gasolinera y llenar el depósito. Si estoy preocupado por el fin del planeta por la colisión de un meteorito gigante, se trata de una preocupación improductiva ya que no puedo hacer nada para evitarlo. Si no podemos dejar de estar preocupados, es mejor estarlo por las de tipo ‘productivas’.
  2. Generar hábitos y rutinas tiene sus ventajas. La más importante es la de dar un sentido de control. Nos otorga una cierta certeza de que, a corto plazo, vamos a estar ocupados en determinadas acciones ya previstas.
  3. Practicar la atención plena. Enfocar al presente, en lo que estamos involucrados en ese momento. Dejar de lado, por un instante, el pasado y el futuro. Disfrutar del ahora, de lo que estamos comiendo, de esa reunión familiar, de esa puesta de sol. Impedir la habilidad que hemos desarrollado para tener nuestra mente lejos de nuestro presente. El protagonista de la película ‘El guerrero pacífico’ responde a sus preguntas interiores:

¿Dónde estás, Dan?
Aquí.
¿Qué hora es?
Ahora.
¿Qué eres?
Soy este momento.

  1. El sentido del humor. Cuando una persona está hundida en su angustia, cuando parece que nada se puede hacer, el psicoterapeuta, el que tiene arte, le envía un dardo de humor que le hace respirar de forma entrecortada ya que, concentrado como estaba en su llanto, la risa surge mezclándose con las lágrimas en una combinación imposible de realizar de una manera pausada. Esa inyección de humor hace de ‘gran flotador’ que dirige al cliente a la superficie de su propio mar de ansiedad. El humor es un arma poderosa. ¿Por qué no usarla nosotros mismos?
  2. Manifestar la gratitud. Detectar todo lo bueno que tenemos y dar las gracias por ello. Esta emoción atrae la serenidad, la alegría y el gusto por la vida. También interesa su facultad de rechazar las preocupaciones improductivas. Es posible empezar inmediatamente a manifestar la gratitud. Dar las gracias al dependiente, al que nos deja pasar, al camarero, a la mesa con alimentos.
  3. Evitar las distracciones temporales. Si omitimos lo que no aporta, el exceso de información, ganamos el tiempo necesario para enfocar lo que es ‘importante’.
  4. Aceptación de lo que no podemos controlar. Aceptar la vida, la realidad, tal como es. Este acto de consciencia es uno de los más difíciles de conseguir. Se admiten sugerencias. ¿Qué te puede ayudar a la aceptación?

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