Perfeccionismo


El perfeccionismo es la tendencia a mejorar un trabajo de manera infinita.

Se diseña, por tanto, una meta alta y prácticamente imposible de conseguir. En general, el perfeccionismo es bien visto en el mundo del deporte. Ese atleta que se esfuerza más y mejor para obtener una buena marca. En el resto de ámbitos la palabra ‘perfeccionismo’ suele tener un matiz más negativo.


Al interrogar al lenguaje interno de un perfeccionista se nos muestran frases fijas, absolutas, sin tonos. Si no es perfecto, no sirve. ¿Pero, quién define lo que es perfecto? Cuando pensamos que nuestro próximo proyecto hará que el mundo se pare y nos admire, en realidad nos estamos preparando para el fracaso, porque hemos definido un nivel que no vamos a poder lograr. Es por eso que la perfección se lleva muy bien con posponer las tareas (casi siempre para el día siguiente) en un bucle infinito de «días siguientes» hasta que nos percatamos que no estamos haciendo nada, estamos paralizados. En un último intento, hacemos las cosas de cualquier manera. El resultado final de nuestro proyecto es más mediocre que otro similar que haya partido de objetivos más realistas.

El perfeccionismo, como meta imposible, es una de las causas de postergar tareas y, finalmente, del estancamiento de nuestro proyecto.

Algunas claves para gestionar nuestros perfeccionismos:

  1. Presta atención a tu lenguaje interior. Detecta las frases que tu ‘perfeccionismo’ te dice. Intenta mantener un diálogo interior (responder) a dichas frases. ¿Qué le contestas?

  1. Recuerda que nadie te exige la perfección. Calcula qué es ‘suficientemente bueno’ en lo que haces. Investiga y observa a otras personas. Decide el límite de calidad en el que, a partir de él, ya no vale la pena mejorar. Ese tiempo ahorrado de mejora lo podrás dedicar a otros proyectos o etapas del progreso en el que estás inmerso.

  1. Diseña metas realistas. Cuando te propongas algo sé sincero contigo mismo. Si necesitas adelgazar veinte kilos no es acertado pensar que puedes conseguirlo en veinte días sin castigar enormemente tu bienestar y salud. En cambio, veinte meses (un kilo por mes) puede ser más realizable. Busca tu propia viabilidad a los proyectos que abordes.

Y no lo olvides. Si te encuentras paralizado en tu proyecto, haz algo por pequeño que sea. Cada día un paso minúsculo, aunque lo veas ridículo. Lo importante es iniciar el movimiento. La velocidad, en esa fase, no es importante.

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